Dentro del auto, Elisa iba en completo silencio, no se atrevía siquiera a ver a su nuevo marido.
Su corazón temblaba, creía que, justo ahora, podría saber si ese hombre era el esposo que tanto amaba, o un simple desconocido.
—Pronto llegaremos, finge una gran sonrisa ante todos, y si preguntan por cómo nos conocimos, diles que fue un amor reciente, a primera vista, no aceptes ser una amante.
—No soy una amante —sentenció la mujer.
Leander la miró de reojo.
—Lo sabemos, nos queda claro que no ere