Piero observaba a la mujer que yacía en el asiento trasero de su auto; aún estaba inconsciente.
La observó bien, era bonita, màs de lo que quería admitir. Pero la despreciaba por ser hija de quien era.
Piero sabía que no tenían ni una gota de sangre, ni èl, ni los Moctezuma. Su abuelo se casó con la madre de Rafael y Viridiana cuando ella ya estaba embarazada, él la amaba con locura, y eso no le importó. Su hijo, el padre de Piero, ya era mayor.
Pero, para Piero, su abuela era la mejor; incluso