Pasaron tres días desde el accidente.
El mundo se había vuelto silencio… y sombras. Un zumbido persistente me retumbaba en los oídos como si algo dentro de mí se resistiera a despertar. Pero lo hice. De golpe. Como si mi alma hubiera sido lanzada a la superficie después de haber estado ahogándose por horas.
Me incorporé bruscamente, jadeando, el pecho subiendo y bajando con fuerza. Todo mi cuerpo dolía. Cada músculo, cada hueso... pero había algo más.
—¿Por qué no veo? —susurré, pasándome las m