El alta llegó el jueves al mediodía.
Henrik mandó un mensaje a las doce y cuarto: en casa mañana. Una sola línea. Sin puntuación adicional, como siempre que Henrik comunicaba algo que para él era un hecho y no una noticia.
Nathan leyó el mensaje en la cocina.
Fue al estudio de Evelyn.
—Mañana en Brooklyn —dijo desde el umbral.
Evelyn no levantó la vista del cuaderno nuevo.
—¿A qué hora?
—No lo dice. Por la mañana.
—¿Vamos?
Nathan lo consideró.
—No. —Una pausa—. Es su casa. El primer día en su c