El cuarto libro empezó a tener forma un lunes por la mañana.
Evelyn no lo anunció. No salió del estudio con la pluma en alto ni dijo nada diferente a lo que decía cualquier otro día. Lo que ocurrió fue esto: a las doce y cuarto, Nathan escuchó que la pluma sobre el papel tenía un ritmo diferente. Más continuo. Sin las pausas largas de los días difíciles, sin los arranques y las detenciones del tipo de escritura que cuesta.
Nathan lo escuchó desde el salón.
Sirvió dos cafés. Llevó uno al estudio