Mientras tanto en la habitación de Cándida, todavía se encontraban Emperatriz y Rogelio tratando de calmar a Margarita y al mismo tiempo consolando a Cándida que no había parado de llorar desde que se había enterado de que la nana que la había cuidado desde que era una recién nacida, era en realidad su verdadera madre.
Rogelio en vista de que las cosas no mejoraban y Cándida no quería salir de su crisis nerviosa, no le quedó otra alternativa a que decir:
— Creo que en esas condiciones tú n