Margarita indignada enseguida exclamó sin quitarle la mirada a Brenda:
— Rogelio, hijo, ¿Pero se puede saber qué hace esa mujer aquí el día de tu boda?
— No sé Nana, créeme que yo también estoy tan asombrado como tú, no la veía mucho antes de que me dejara plantado como un imbécil en la iglesia, la verdad no comprendo cómo se le ocurrió aparecerse aquí y además quién le avisó que yo me casaba hoy.
— Pero mi niño si quieres la mando a sacar en este preciso momento, no vaya a ser que venga a busc