Margot
Jayden me observa con absoluta seriedad por al menos durante cinco segundos, antes de que la esquina derecha de sus labios empiece a inclinarse lentamente hacia arriba. Su postura, antes tensa, se relaja por completo y la sonrisa come mierda regresa más recargada que nunca. De inmediato un mal presentimiento se instala en todo mi cuerpo y mi corazón empieza a latir de manera muy rápida dentro de mi pecho. Sea lo que sea que vaya a decirme, estoy bastante segura de que no va a gustarme.
—