Alicia se quedó mirando a Alba, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar. La traición de su hermana era un golpe demasiado fuerte, pero no podía permitirse derrumbarse. No ahora.
—¿Así que esta es tu decisión, Alba? —dijo Alicia, con la voz temblorosa pero firme—. ¿Prefieres a Galeano y a esta mansión antes que a tu propia hermana?
Alba, con los ojos llenos de lágrimas y rabia, respondió:
—No es así, Alicia. Tú fuiste la que me traicionó primero. Siempre has pensado que todo gira a tu al