Takeshi sostuvo un segundo la mirada en él, no para humillarlo, sino para que el resto de la sala entendiera que aquella línea no se borraría con una sonrisa posterior. Luego volvió a la cabecera.
—Seguimos —ordenó con tranquilidad—. Quiero un informe completo de la investigación interna: dinero, llamadas, turnos, cámaras, entradas y salidas. Quiero el nombre de todos los guardias que estaban esa noche. Quiero quemadas, hoy, las rutas menores que no nos aportan más que ruido. Y quiero a Kobayas