El cielo estaba cubierto por una manta gris, como si incluso el clima supiera que nada era real esa tarde.
Caminaban por una de las calles principales de la ciudad, rodeados de vitrinas con ropa de diseñador, cafeterías boutique y flores frescas colgando de los balcones. Un lugar que, en cualquier otro contexto, habría sido idílico. Romántico incluso. Pero a su lado iba él. Nikolai. Su carcelero. Su pesadilla hecha carne.
Svetlana llevaba un abrigo beige ajustado a la cintura y el cabello suelto