Dos meses atrás...
Llovía. Pero en Montreal, eso no era novedad. Lo que sí era nuevo, brutal, y casi ajeno, era el sonido de los sollozos de su madre.
Giovanni sostenía su paraguas con firmeza mientras el ataúd descendía lentamente.
Era un ataúd oscuro, sin flores, sin mármol.
Porque su padre lo había pedido así: sin alardes.
Como si con eso pudiera también enterrar el pasado.
A sus veintiún años, Giovanni se sentía más viejo que nunca.
Era el menor de cuatro hijos. Tenía tres hermanas.
Tenía l