Ariadna se mantuvo distante el resto de la tarde. La mujer feliz que lo había recibido esa mañana, ya no estaba.
Al llegar a casa ella le pidió que la dejara un rato a solas para descansar. Él no quería dejarla, pero accedió a su petición.
A la hora de la cena él la despertó para comer juntos. Estuvieron casi en completo silencio; solo interrumpido de vez en cuando por algún comentario sobre el trabajo, sus hermanos o algún otro tema sin mucha relevancia.
El día siguiente fue igual y el siguien