Capítulo 33.
Emma mantenía un irritado semblante en el rostro cuando rodó el precioso Maserati hasta el segundo cajón de estacionamiento al que tenía derecho por el alquiler del departamento en que vivía.
Tomó el ascensor en lugar de las escaleras cómo hacía siempre y al salir de este se dio de bruces contra un hombre.
—Disculpe.
Emma esbozó una fugaz sonrisa e intentó pasar por un lado del caballero.
—Los relatos de su belleza no fueron para nada exagerados.
Al detectar en él un acento californiano c