Capítulo 29.
El lugar era precioso con luz de baja intensidad y velas encendidas en las mesas. Romántico. Encantador. Con música suave e íntima. Emma se deslizó en la silla que Paul apartó para ella y le sonrió agradecida por encima del hombro.
—Es muy lindo, gracias —murmuró y abrió el menú.
—Mi trabajo es hacerte sonreír —afirmó y se reclinó en la mesa mirando hacia la cava mientras ella contemplaba sus risueños ojos.
El camarero se presentó para tomar su orden y les sirvió el vino.
Paul quiso saber