Capítulo 16.
Después de cantarle una fresca y empujarlo lejos de ella, Emma se limpió de los labios el beso de Bradley con el dorso de su mano.
Cuando la vio hacer aquello, las llamas del infierno asomaron por sus ojos. Parecía tan cabreado que por un momento ella fue incapaz de averiguar lo que iba a hacerle. Indignado, se crispó como un iracundo e inmenso tigre, y la intensa expresión de su rostro la asustó por completo. ¡Ay, Emma, ahora sí la hiciste buena! se regañó mentalmente.
La masculina mirada se