Capítulo 10.
—¡Emma! —gritó él acongojado a la recta espalda de la joven que adoraba.
La puerta retumbó cuando se cerró de un golpazo tras ella y Bradley se colocó a jalones su abrigo el cual descansaba sobre el respaldo de una silla.
Iría tras ella.
—Brad, amor, vuelve aquí.
El femenino reclamo que subió por su espalda lo exasperó.
—No.
—¡¿Quién era esa chica?!
Bradley giró con rudeza sobre sus talones. Lara Akerman era una tempestuosa belleza, pero cuando Suter se acercó a ella, el miedo asomó en