66: Para todo hay límites.
—Disculpe, señorita, tiene que…
—No… —Fabiola se rehúsa.
Alguien quiere apartarla de su hombre, y no quiere hacerlo, hasta que la cara molesta de la enfermera.
—Amor, por favor… Harán mis curas…
Entonces la pelinegra recuerda que se quedó a dormir en la camilla con Diego, incluso cuando su padre le insistió en ir al hotel con él.
Levanta la cara del pecho de su ojimiel. Hace mucho que no dormía tan bien.
Ella besa la frente de Diego, y le da un vistazo a su ojo. Le preocupa, pero tiene fe en qu