Narra Danilo.
—Detente —me pide Fabiola, cuando nos encontramos a unas cuadras del vecindario de la casa de mis padres.
Respiro profundo mientras suelto el volante una vez que apago el auto. La noche es más oscura de lo normal y la brisa que entra por las ventanas solo agregan más tensión a este terrorífico momento.
Tengo miedo de perderla. Mi corazón late lleno de ansias porque, si no logro convencerla de perdonarme, no sólo perderé a la futura madre mis hijos, sino que mi familia se verá de