—¡Tristan, maldito bastardo! —Golpeó y pateó la puerta del cuarto en el que la había encerrado—. ¡¿Ni siquiera puedes ser original en las maldades que me haces?! —gruñó—. ¡¿Y qué se supone que voy a comer?! ¡¿Quieres matarme de hambre o qué?!
—No exageres, solo será hasta mañana, o hasta que Meredith se entere, cosa que es poco probable porque a estas horas se está embriagando. Hasta entonces, mi reina. —Oyó sus pasos alejarse.
Maldito infeliz.
Así que… nuevamente encerrada por ese monstruo