Capitulo 39: Dorian y Morgana utilizan sus colmillos con precisión sobre Euclides.
Como hijos ejemplares, ambos lo escoltan y lo sostienen de los brazos hasta su sofá favorito. Lo acomodan con delicadeza y se retiran apenas una milésima de segundo. Al quedar solo, Euclides se relaja y murmura para sí mismo con una mezcla de desprecio y orgullo:
—Detesto a los cambiapelajes... pero ellos ahora son vampiros, como yo. Les enseñaré a drenar la vida de cada proveedor. El día que vea sus colmillos finalmente afilados será mi regalo más preciado; serán mi espejo, mis verdaderos hered