Emma no durmió esa noche.
Se quedó mirando el techo de su cuarto, reproduciendo cada conversación que había tenido con A.H. en los últimos cuatro meses. Cada palabra ahora tenía un sabor diferente. Amargo. Metálico. Como sangre en la boca después de morderse la lengua demasiado fuerte.
Las 2 AM cuando le había contado sobre su padre alcohólico, sobre cómo Elena había tenido que criar a Danny y a ella prácticamente sola. Las veces que había llorado virtualmente sobre su inseguridad académica, so