Alberth
Tarareando una melodía que siempre me relajaba, salí de la ducha y tomé una toalla para secarme. Me acerqué a la cama y observé a mi esposa dormir plácidamente. No quería despertarla, así que con cuidado, me dirigí al pequeño cuarto donde guardaba mi armario. Las paredes estaban forradas de estanterías llenas de ropa, zapatos, relojes de marcas exclusivas y perfumes.
Me decidí por un smoking negro con una camisa de botones blanca y elegante, y un pantalón negro a juego. Me puse unos calc