El ambiente en la mesa era denso, cargado de tensiones no resueltas y expectativas. Daniela sintió la mirada de Antonella sobre ella como si fuera un cuchillo afilado dispuesto a hundirse en su piel en cualquier momento. Pero no se inmutó. Con una serenidad que sabía que enfurecería a muchos, tomó un sorbo de su vino y entrelazó sus dedos con los de Víctor, quien le dedicó una sonrisa de orgullo.
—Son fuertes palabras, Daniela, todos estuvimos ahí, yo estuve allí todo el tiempo con tu madre —Ti