Daisy aparta mi cabeza.
“¿Daisy?”, pregunto.
‘‘No tienes por qué hacerlo ‘‘dice ella torpemente.
‘‘Oh, créeme, quiero hacerlo. Acuéstate ‘‘le digo, presionando a Daisy hacia atrás hasta que su trasero toca el borde del colchón. Le abro los muslos, sin apartar la mirada de ella mientras me arrodillo frente a ella. Dejo que la parte plana de mi lengua deslice su clítoris desde su entrada hasta el clítoris’‘. He querido hacerlo desde que te tuve tendida sobre la mesa del comedor.
‘‘Ohhh ‘‘dice ell