Esa noche, Blake McCallum apenas si pudo pegar un ojos a pesar de que sentía los músculos un poco agarrotados por el cansancio, y no porque hubiera sentido cansancio al luchar convertido en el espíritu vengador, sino por los días y horas de evadir a sus enemigos mientras los atacaban.
Se levantó esa mañana y le pidió a su criado que le trajera riñones y cordero para aliñados con especias y miel para desayunar, se sentía hambriento.
Pero no había sido ni el hambre ni el cansancio lo que habían