La boca de Clyde se abrió ante el asombro de lo que estaba leyendo. Se había sentido muy satisfecho con la información que ahora manejaba, ahora sabía con certeza que había una manera de transformarse a voluntad y también para volver a la normalidad.
Pero lo último que acababa de leer lo había impresionado. La ira no iba a ser un problema porque Clyde era un hombre de carácter afable y poco dado a perder los estribos por cualquier cosa, aún cuando lo provocaban.
¿Pero el sexo? Eso sí que no se