Ryan suavizó la mirada.
—En cuanto al señor Johnson... no creo que nuestros hijos lleguen a llamarlo “papá”.
Apenas sonrió.
—Me dirán “papá” a mí.
Unos minutos después, el taxi se detuvo frente a las puertas de la lujosa residencia de Vanessa y Richard.
—Disculpe. Ya llegamos.
Ryan intentó despertar con cuidado a su jefa. Por desgracia, Vanessa dormía profundamente y no daba señales de querer abrir los ojos.
—Mmm... tengo mucho sueño. Me duele todo el cuerpo —murmuró sin despegar la cabeza de su