Ryan acompañó a Vanessa hasta la tienda de conveniencia y la cubrió con un paraguas para protegerla de la lluvia y el viento frío.
Mientras sostenía el paraguas, le pasó el otro brazo por los hombros sin pensarlo. Su abrazo resultó cálido y reconfortante. El pecho ancho y el brazo fuerte de Ryan la protegían del viento, así que Vanessa apenas sentía el frío.
Al llegar frente a la tienda de conveniencia, Vanessa se sentó a esperar a que el taxista terminara de cambiar la llanta.
Tomó un sorbo del