Ryan hizo exactamente lo que Vanessa le indicó, aunque tuvo que luchar contra cada instinto que lo impulsaba a tocarla con mayor intimidad. Le había dado su palabra y pensaba cumplirla.
Pero, por alguna razón, las cosas tomaron otro rumbo.
Las piernas de Vanessa se relajaron poco a poco y se abrieron un poco más por sí solas. Ryan, que estaba sentado mirando hacia adelante, se acomodó despacio de lado hasta quedar frente a ella. Las piernas de Vanessa se extendían hacia él.
Aun así, debía tener