_Si hay que revivir a un muerto lo haré, voy a encontrar a mi hijo, dijo Max antes de ir trás una pequeña pista.
Ronald observaba con atención la escena se le hacía muy familiar a lo que había ocurrido hace veinte años atrás con Bartolomé. En esta ocasión, no pudo percibir el aroma de algún otro lobo que de los cadáveres que permanecían en la entrada. Ninguno de ellos pertenecían a una manada, y lo más sospechoso era que habían humanos involucrados en ese asunto.
Las cámaras estaban fuera de