—No hay nada en esta ciudad, ¿nos podemos marchar? —Walas no quería ceder y seguía de quisquilloso.
Las carpas siguen, es como si fuera un circo desolado. Mis pies me guían hacia mi Ford Cortina azul cielo de los años sesenta y lo acaricié.
—¡Tremenda reliquia! —exclamó Walas e intentó abrir la puerta, pero sacó la mano agitado—. ¡Ouch, está caliente!
—Eso te pasó para que no toques las pertenencias ajenas —dije divertida y la bestia se empezó a reír extraño.
Es como ver a una foca sonriendo