Estoy soñando con Belli y su sonrisa, sin embargo, algo me grita que despierte y abro mis pesados párpados. El auto está volcado, la sangre sube a mi cerebro y el zumbido en mi oído me tiene desesperado. Todo me duele, específicamente la cabeza, siento que me va a explotar. Suelto el cinturón y caigo de golpe, golpeando la costilla con la palanca de emergencia.
—¡Maldición, ouch! —bramo y gravitó la mamá de Belli a mi lado.
—¡Muévete, chico bonito! —me apuraba Dilys—. Estaban los tres incon