Rachel lo miró extrañada, pero eso no le impidió brindarle una sonrisa al amable señor que le hacía una leve reverencia.
—Sí, soy yo —le dijo sonriendo.
—Pues entonces bienvenida, señora Anderson —le dijo amablemente— Soy Albert, el guardia y conserje de este edificio. No dude en llamarme si necesita cualquier cosa, en su apartamento tiene los numero de emergencia en la cocina, allí también esta el mio.
—Gracias, Albert. Lo tendré muy en cuenta.
Estaba tan complacida del trato que le daban, qui