Vayan a ver a la pendeja teniendo pensamientos lujuriosos y no me di cuenta de que alguien entro muy despacio a la habitación, pues estaba con los ojos cerrados saboreando un beso imaginario que le estaba dando a Albert, cuando escuché una voz fuerte.
—Dianne ¿Qué pasa que todavía no te aseas? —Era mi mamá que creo venía a ayudarme a vestirme y yo la muy tonta trate de esconder el celular atrás de mí.
Yo creyéndome la muy experta en artes mágicas, creí que no se fijó en mi maniobra por esconder