Capítulo 91. Ahí es donde entramos nosotras.
Dalila.
La espalda del bastardo era tan atractiva… y eso me hacía enojar. Seguí arrojándole cosas hasta que salió de la habitación; tal vez era idea mía, pero claramente lo vi saltando al salir y por el vínculo solo podía sentir su enorme felicidad. Idiota.
Me quedé sin cosas que arrojar y me senté en la cama llevándome las manos a la cabeza y cerrando con fuerza los ojos. A pesar de que intenté no darle importancia a nuestra noche… noche de celo, no podía evitar pensar en ello obsesivamente. D