Helena Hernandez
Había pasado un mes desde que Cortez había echado a Rebeca del cuartel. Mi rostro no negaba la felicidad de saber que esa joven nunca más acosará nuestras vidas. La perra pensó que me haría daño, sin embargo, yo estaba muy feliz de que Cortés se hubiera quedado de mi lado y no del de ella, el día que ella también se fue de aquí. Me di cuenta de que todavía tenía la esperanza de que mi general retrocediera, mientras la observaba a través de la ventana de su oficina, pero se le c