El corazón de Clara dio un vuelco total, su mano tembló y el marco de la foto cayó al suelo, rompiéndose totalmente en pedazos. Los fragmentos de vidrio salpicaron su delicado tobillo, cortándolo levemente y haciendo que brotaran unas cuantas gotas de sangre.
—¿Qué haces aquí? —la voz profunda y magnética de Alejandro sonó detrás de ella, enviando fuerte escalofríos por su delgada espalda.
Clara no se volteó, simplemente le respondió con frialdad: —Lo siento por la molestia, me iré enseguida.
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