Carolina se escondió en el coche, llorando muy afligida, desbordando grandes cristales de lágrimas, sus ojos delineados y pestañas embarradas; no podía soportarlo.
—¡Basta! ¿Por qué estás llorando así? Mira que pareces, completamente una idiota —Urbano estaba furioso y fruncía el ceño.
—Me caí delante de tanta gente, ¿qué quieres que haga? ¿Qué tiene de malo llorar? — Carolina se enjugó las lágrimas de manera desgarradora. —Alejandro fue tan grosero conmigo. Me caí delante de él, y él ni siquier