—Originalmente, no había nada en absoluto de qué hablar— Alejandro se sentó pesadamente en el sofá y levantó su copa para tomar un sorbo de champán. Cada vez que pensaba en Clara, sentía una fuerte opresión inefable en su corazón, una irritación incontrolable que lo hacía quedarse sin aliento. Sus ojos brillaban de dolor, revelando su gran frustración.
—¡Eres tan terco! Clara vino a verte para reconciliarse. ¿Por qué no aprovechaste la gran oportunidad para ganártela de nuevo y ganar su corazón?