No dijo ni una palabra, pero escuchó su respuesta en medio de su amoroso ardor y su deseo creciente: —Estoy dispuesta.
Esa noche, se entregaron apasionadamente, desde el baño hasta la sala de estar y luego a la cama, y finalmente regresaron al baño para otra ronda. La piel suave y delicada de la joven, y su cuerpo virginal, lo volvieron loco de deseo y pasión. Nunca se había sentido tan satisfecho, y emocionado; tanto física como emocionalmente.
Finalmente, agotada y adolorida, Noa se acurrucó e