Noa escuchó los pesados pasos acercándose, no se atrevió a mirar hacia atrás, solo abrazó sus delicados hombros, temblando como un conejito asustado.
Era como si fuera un pequeño conejo blanco asustadizo.
Esto solo hacía resaltar la figura alta y poderosa de Rodrigo, como un gran lobo gris que se movía sigilosamente, ocultando fuertes intenciones lascivas.
—Noa—la garganta de Rodrigo rodó con fuerza y pasión, sus ojos enrojecieron.
Él levantó lentamente su mano temblorosa, deseando tocar la suav