Alejandro estaba bebiendo agua caliente, cuando escuchó que Rodrigo iba a regresar para cocinar. Se atragantó con un sorbo y tosió dos veces, tratando de no molestar a su hermana. No lo podía creer.
—Rodrigo, ¿estás seguro de que estás en tus cabales? Si tienes problemas en la cabeza, deja que Clara te revise lo antes posible, no quiero que mi hermana tenga problemas a tu lado.
Clara estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas, mirando con desdén a Rodrigo, que olía a sudor. —¿Un donjuán