Al final, la encontró en el parque infantil, sentada sola balanceándose en el columpio, la chica que era su chica...
—¡Noa...! ¡Aquí estas…!
Rodrigo miró a lo lejos la delicada figura de Noa, con su cabello negro brillante cubierto de escarcha blanca, su pequeña chaqueta roja también cubierta de nieve, pareciendo como un pequeño muñeco de nieve.
Mi niña ¿cuánto tiempo has estado sentada allí exponiéndote al frio y el sereno?
El hombre, con el corazón destrozado, se acercó a ella paso a paso, con