En la madrugada, después de arrullar a Noa para que se durmiera, Rodrigo se apresuró al hospital para encontrarse con las personas de la familia Pérez y Hernández.
Fernando estaba envejecido y cansado y, ya no podía aguantar más, así que Enrique ayudó al abuelo a encontrar una cómoda habitación para que descansara.
—Hermano mayor, acabo de interrogar a ese maldito hijo de perra.
Diego salió al pasillo para contestar la llamada de Víctor. —Llevo muchos años laborando como detective, con solo echa