Enese instante, Jimena estaba justo de pie junto a su madre, luciendo un vestido llamativo que la hacía parecer una verdadera princesa.
La lamentable escena de Jimena, que antes se frotaba las manos y lloraba mientras se disculpaba frente a él, había desaparecido por completo. Ahora, su mirada hacia Noa era malévola, deseando saltar sobre ella y estrangularla.
—Mamá, déjame presentarte—dijo Jimena mientras clavaba su mirada en Noa con una sonrisa siniestra y aterradora. —Ella es Noa, la cuarta s