—¿Puedo invitarte a bailar?
Celeste se levantó con gracia, y colocó su delicada mano en la de él. —Por supuesto.
Bajo la luz tenue, Javier frunció el ceño de repente. Había notado un leve brillo de lágrimas apenas perceptible en los ojos de Celeste. Sin poder evitarlo, apretó un poco sus dedos, lo que hizo que el corazón de Celeste latiera más rápido y sintiera el impulso de retirar su mano.
—¿Pasa algo? ¿Cambiaste de opinión? — Javier arqueó una ceja, su tono se volvió más serio.
—No, ¿por qué