—Entonces, ¿vamos a dormir? — Rodrigo preguntó de manera bastante despreocupada.
Después de hacer la pregunta, comenzó a arrepentirse.
—No estoy cansada— Noa finalmente habló débilmente. —Quiero quedarme tranquila por un rato.
—Entonces, estaré contigo—Rodrigo bajó su mano, acariciando con ternura la cálida nuca de Noa, sus ojos llenos de ternura a punto de desbordarse. —Si no quieres dormir, no dormiré. Si piensas que te molesto, no diré ni una palabra, me quedaré aquí contigo. Y si en algún mo