De repente, Alejandro apartó la neblina de sus ojos, y un toque enrojecido surgió en ellos.
En ese momento, Clara volvió a transmitirle una sensación inexplicablemente familiar, y los latidos de su corazón se detuvieron por un instante.
Tomó el desinfectante y el ungüento que le había dejado el Doctor en el botiquín, y le limpió la herida con destreza.
—Clara. —La llamó suavemente.
—......—Clara puso una expresión bonita y aplicó la medicina con una mano más firme como una advertencia.
Alejandro