Por insistencia de Alejandro, Rodrigo y César lo trasladaron a otro hospital.
En la habitación del hospital, Alejandro yacía en una cama, conectado a un suero. En una sola noche, se veía notablemente más demacrado, pero su rostro, que tenía el poder de cautivar a las multitudes, seguía siendo apuesto.
—Tu rostro siempre ha sido apuesto—Rodrigo se sentó en una silla, con los brazos cruzados sobre el respaldo, mirándolo con una expresión juguetona.
Alejandro abrió lentamente los ojos, sus ojos neg